domingo, 24 de mayo de 2009

Decisiones... cada día

Esta es la historia de como un día desembarqué sola en una playa lejana. Bueno en realidad llegamos todos (mis compañeros piratas y yo) hace unas horas. Solamente que luego del extenuante viaje, apenas bajaron el ancla, se amotinaron. Ahora supongo que estarán acabándose las provisiones -especialmente la cerveza- y tomando sol como iguanas que quieren recargar baterias.

La idea de venir hasta acá era encontrar algún tesoro. Hemos estado surcando los mares, y hasta el sol de hoy nos había ido muy bien -aparte de dos o tres ataques sorpresivos de los cuales hemos salido "victoriosos"... sí, escapamos!- pues ya tenemos en la bodega varias reliquias de oro y un centenar de monedas doradas y plateadas que gastaremos en bebida y fiestas apenas regresemos al continente. Eso sí, todo el reparto del botín lo tengo bajo control...

Desde que llegué a ese barco mi vida cambió, primero porque qué hace una chica pirata?... con esa pregunta y muchas más, se las dejé a varias personas que querían que me dedique al tejido y a la cocina... Y la respuesta es tan simple como que me atrae sentir la adrenalina... cómo aumenta mi ritmo cardíaco cada vez que estamos a punto de saquear una isla! Claro que lo tenemos todo fríamente calculado y hasta ahora el método ha resultado, pero siempre puede pasar algo que no hayas previsto, y eso es lo que hace de nuestra profesión súper excitante...


Creo que en parte esta rebeldía me surgió cuando escuché varias veces mi nombre pronunciado por mi padre cuando quería que me case con uno de los niños bonitos del pueblo. "Octavia es muy obediente", "A Octavia le encanta la cocina y los quehaceres domésticos", "Octavia tiene una habilidad increíble para hacer bordados"... Quién ha dicho que la promoción tiene que ser verdad, pues no soy buena en la cocina peor en el bordado. Tampoco creo que mi padre haya querido deshacerse de mi, pero como se preocupa de mi futuro en un mundo limitante para las mujeres, que mejor que establecerme con uno de los "caballeros" de la ciudad para que nunca me falte nada.


Ventajosamente mi fuerza de voluntad pudo más que la comodidad de tener un hogar cálido... Escapé porque no puedo pensar que mi capacidad no valga para algo más que preparar cosas ricas para el paladar de un apuesto hombre...



Disfruto muchísimo pensando que dirigo una pandilla de timadores - aunque ellos crean que tienen el control -, que me lleva por el mundo conociendo nuevos lugares, y que no tengo que estar sometida a horarios de ningún tipo, pero que sobre todo tengo el poder de tomar mis propias decisiones. Esta mismo, explorar una playa a ver qué encontramos para llevárnoslo... Luego regresaré, se les pasará la resaca, y les diré qué hacer para apoderarnos de una gran fortuna...


Es relajante estar en una playa del Caribe, con el sonido ambiental de las olas, y tener el poder de encontrar mi destino.

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